5 señales de un buen liderazgo

Aspectos que he observado y me han motivado a ver el desarrollo profesional como un puente a mi propio desarrollo, una tarea a la vez.

1. Hace sentir las prioridades

Las tareas que tomamos y cómo las tomamos expresan nuestra ética: ¿Invierto mi energía en algo significativo? Nuestras prioridades reflejan cuánto conocemos nuestro propósito y el de nuestras empresas. Cuando enfocamos nuestra energía no solo ganamos ambos (empleados y empleadores) sino que creamos valor entendiendo que cada tarea es un paso hacia un objetivo más alto que un número.

El buen liderazgo no impone prioridades sino que las propone e implementa estrategias para hacerlas consientes: desde señalarlas a propagarlas en el equipo, comunicarlas a otras áreas e incluso reafirmarlas de diferentes formas para que no solo “sean” prioridades sino que las personas las “sientan” como prioridades.

2. Identifica roles, no funciones

Sin importar el área, ya sea project manager, RRHH o CEO más de una vez conformamos equipos en base a buenas experiencias previas y habilidades con las mejores expectativas sin generar sinergia.

La mejor analogía para entender ésto es una selección de fútbol: ¿No se supone que si reunimos al mejor jugador de cada equipo el resultado sería un equipo ganador? Cuando se trata de personas, no siempre más es más. Un dream team no es un equipo de estrellas sino un equipo bien diseñado y el buen diseño no tiene porqué ser ostentoso. Un buen equipo es como una buena banda: hace música, no ruido.

El criterio general siempre será: Un buen liderazgo identifica roles y los actúa o genera según necesidad. A veces como autoridad, otra vez como oyente o participante pero siempre impulsa una dinámica grupal eficaz, eficiente y sustentable.

3. Sabe cuándo proveer contexto

La optimización excesiva de tiempo genera una cultura de autómatas fácilmente reproducible y reemplazable. Cuando se trabaja por silos especializados sin una comunicación acorde perdemos la sinergia y la diversidad, dos razones por las cuales precisamente elegimos emplear a una persona en vez de una máquina.

Con éste objetivo el buen liderazgo reconoce las señales de falta de contexto en los individuos: desconocimiento de objetivos, percepciones deformadas, falta de empatía y es allí donde una explicación de 2 minutos humaniza, integra e incluso conforta al personal. Por el contrario, proveer contexto innecesario es señal de inseguridad, descuido de la información y falta de escucha activa.

4. Reconoce (sus) emociones

Mirada vidriosa, seño fruncido, tono sombrío e incluso un rostro colorado ¿Realmente crees que tu enojo puede pasar desapercibido? ¿O tu cansancio? ¿O tu alegría?

Hace rato la inteligencia emocional dejó de ser un concepto para ser la realidad que define el clima laboral de nuestros equipos. La persona con buen nivel de autoconocimiento reconoce su emoción (con nombre o sensaciones), sus efectos físicos y cómo la manifiesta físicamente ya sea con su tono de voz, gestos o expresiones faciales. Por ende, también sabe identificarlas y dirigirlas en otras personas.

Aunque ésto no reemplaza a nuestras terapias sí es útil comunicarlas cuando impactan en el ambiente laboral. “Hoy tengo un día muy cargado” o “estoy en mis días” humaniza, contextualiza y ayuda a separar la persona de la tarea y sus circunstancias.

5. Transforma preocupaciones

Ya sea por miedo a perder estabilidad, no llegar con un objetivo o incluso falta de capacidad el buen liderazgo entiende que el sentimiento de preocupación es normal y sabe cuándo transformarla en ocupación o cuando desarmarla sin minimizarlas o negarlas sino escuchando, compartiendo un punto de vista superador y herramientas acorde.

Cuando te ve con cansancio, ayuda a organizarte.
Cuando te ve con mala disposición, recuerda tu capacidad.
Cuando te ve sobrecargadx ilumina tus recursos.
Cuando te ve con desmotivación señala la meta de tu carrera.
Cuando te ve con agotamiento te ayuda a preparar tu próximo día libre.
Cuando te ve con expresión preocupada te habla del clima para que tomes distancia de la situación.
Y cuando te ve sonreír, el buen liderazgo te devolverá la sonrisa completa. Esa que se ve hasta en los ojos.

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