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Las ideas que más rápido se materializan
son las que más tiempo llevan incubando.

2013 me enamoré por primera vez y de la persona más machista, misógina, racista y etc etc etc que conocí en mi vida. Pero me enamoré. Su carácter más de una vez nos dejó de espaldas en el lado opuesto de la habitación. Aún así fui a la puerta de su casa solo a pedir perdón. Aún así fue a buscarme al trabajo solo para pedir disculpas. Nos abrazamos sabiendo que no llegaríamos a un acuerdo pero eso bastaba.

Escribí la letra por Septiembre 2017 mientras intentaba una nueva relación. En una ocasión vomité toda la verdad: Mi miedo a ser herido, el temor a no cumplir con las expectativas, mi inseguridad por no poder dedicarle más y la sensación de que nos conocíamos tan poco que no me sentía en el derecho de pedir, ni siquiera esperar algo. Solo respondió “Qué bobo, ¿Porqué no me lo dijiste? A mí también me pasa” y me abrazó. Listo.

Que hable la piel

La fuerza más poderosa que me inspira a producir una nueva canción es contar un concepto sin nombre, comunicar una experiencia que no podría contar solo con palabras. Si tuviera que resumir “Que hable la piel” en una línea diría *SPOILER ALERT!* “Es una canción acerca de los problemas de pareja que se resuelven con contacto físico”.  Sin embargo, la experiencia que quise contar tiene dos partes. Y aquí las cuento:

1 – Un cosquilleo de voluntad que derrite el hielo quería que durante todo el tema (siguiendo el concepto minimalista del álbum Roleplay) suene un riff constante, una melodía diminuta y repetitiva como un hormigueo inquieto que va inundando todo. Eso que sucede cuando estamos en veredas opuestas y morimos de ganas de abrazarnos pero tenemos que dejar ego, emociones, argumentos y aún expectativas de lado.

Nada. Hasta que alguien obedece al sentimiento y cruza la barrera del miedo, la vergüenza y el desánimo para contactar con o sin derecho en un acto de total rendición. En ese movimiento la tensión crece entre el temor al rechazo, el vértigo, las diferencias… y el encuentro, el grado 0 de separación, donde no distinguimos dónde empezamos / terminamos y solo somos. Por eso el tema está lleno de fades in, sonidos que entran tímidos hasta llenar todo el espectro. Quería que el oyente tenga la sensación de que la canción lo envolvía de esa misma forma gradual pero notable.

Te pido que me hables. Pero no con palabras.

2 – El éxtasis del contacto, ese abrazo que cuando cubre todo nos llena de plenitud irrumpiendo en nuestra historia y creando un refugio para todo lo que pasó antes o pueda pasar después. Golpes, heridas, roces, besos, abrazos, toques… todo vale en el juego de las relaciones y cada unión tiene su propio código compartido.

Mientras jugamos a alejarnos y acercarnos vamos creciendo. Es inevitable. Ese punto en el que cruzamos océanos de diferencias para ser uno compartiendo cuerpo y alma por eso quería que suenen muchas voces a coro para gritarnos al oído que las palabras no bastan, que hay que dejar de cuestionarnos mentalmente y dejar que los hechos hablen.

Dos semanas antes de cantar el tema en vivo con Jaz Levitán (no sé si les suena nuestro dúo “Adolescentes“) todo lo que tenía era la pista, la letra y una nota de voz a modo de demo. Con solo dos ensayos la presentamos.
Mi instrucción más clara fue: En el puente quiero se escuche un “ah, ah” como gemido, un “oh, oh” con vibrato que cuente la parte del éxtasis y termine con un “mmm…” que represente el alivio.

 

Si te gusta la electrónica te sugiero escuchar Roleplay (la canción que da el nombre al álbum). Si preferís algo más tranquilo y cercano al rock sería genial que viajes escuchando Todo para mí. ¿Te interesa el tema de las relaciones? Te invito a conocer conmigo El dilema del Erizo. Leo tus comentarios en mi página de facebook :D