Motivarnos es una necesidad, no una opción

Durante años mi trabajo fuera de empresas consistió en coordinar voluntarios para obras de caridad. Habiendo crecido en un contexto de constantes crisis económicas como el de mi país decidí compartir mis experiencias y herramientas de motivación y por sobretodo: de automotivación.

Basset hound dog

¿Cuántas veces tu cabeza dijo que algo era imposible y luego lo hiciste? ¿Cuántas veces viste a alguien decir “no” sin terminar de escuchar? Por situaciones como esas decidí compartir el camino de negociar conmigo mismo, probar mis limitaciones y animar a mis equipos para esforzarnos en mantenernos animados a conciencia y aún contracorriente.

En mi bello país Argentina no tenemos una mentalidad de “Lo mejor está por venir” sino más bien de “Todo tiempo pasado fue mejor”. La dieta mental en Buenos Aires es un presente que oscila entre protestas, quejas y pesimismo: una perspectiva compartida que si bien nos ayuda a mantener expectativas y frustraciones al mínimo, nos limita de la misma manera.

Positivos con nosotros mismos

Damos lo que tenemos y cosechamos lo que sembramos. En un entorno negativo y plagado de tareas repetitivas (desde las que desarrollamos en nuestros hogares, a nuestro estudio y trabajo) animarnos y romper con la negatividad no es una opción sino una necesidad. Si deseamos el bienestar debemos preparar primero nuestro terreno (y no esperar que otra persona o las circunstancias lo hagan) observando lo que sentimos y exteriorizándolo de maneras constructivas.

Sé el cambio que quieres ver en el mundo.

Mahatma Gandhi

A veces sin darnos cuenta dejamos que experiencias o mandatos del entorno definan nuestro día a día. Para revisar esa estructura un ejercicio tan simple como efectivo es escuchar atentamente nuestra voz interior para distinguir si nuestras ideas y respuestas nacen desde nuestra autenticidad aquí y ahora o si son automatismos ¿Nuestra mente advierte un peligro? ¿Crea dramas inexistentes? ¿Nos anima o nos hunde? Así podremos identificar su objetivo o recalcularlo.

Nadie puede amarnos mejor que que nosotros a nosotros mismos. En mi caso, ser mi propio porrista mantuvo mi enfoque en el objetivo y ánimo en el proceso: a veces me felicitaba comprándome algo rico, otras veces compartiendo logros con mi familia y otras solo respirando mirando al cielo pero nunca dando más entidad a la frustración que al progreso o comparándome (a menos que fuera para inspirarme) ¡Aún permanecer puede ser un motivo de celebración!

Positivos hacia nuestras tareas

El proyecto más intenso que viví consistía en actualizar cientos de sitios web para una automotriz y aunque de por sí el volumen era gigantesco (y tendía a hacerse cada vez más complejo) nunca por parte del equipo extranjero hubo quejas, ni escuché lo que hubiera lógico: “es imposible” o “va a salir mal” . Todas sus respuestas eran: “vamos a intentarlo”, “busquemos otra manera” y en el peor de los casos (cuando todo dependía de probabilidades ínfimas) “hopefully” (ojalá). Así aprendí que predisponernos en forma positiva es una decisión independiente del contexto y es más creativa que elegir negativo.

Cuanto más repetitivo y estresante es un trabajo más necesitamos elegir emociones saludables y sustentables. Sentir angustia durante 8 horas de lunes a viernes no es gratuito ¿Crees que tu cuerpo saldrá intacto de absorber a diario enojo, preocupaciones y frustración? por ellos debemos integrar la inteligencia emocional a nuestras tareas reconociendo emociones y gestionándolas para que influencien nuestra conducta en forma constructiva, ayuden a mantenernos íntegros y efectivos destrabando situaciones y coloreando cada intervención.

Por ejemplo: El enojo genera energía extra para atacar lo que nos indigna. Podemos elegir reprimirlo, quejarnos, violentarnos o usarlo como combustible para generar una comunicación asertiva y aún generar acuerdos creativos para resolver lo que nos aqueja. Otro ejemplo: La angustia. Esa opresión o vacío en el pecho o el estómago nos llama a hacer un cambio y tal vez sea la mejor oportunidad para sincerarnos y poner sobre la mesa o al menos indagar en qué sistema nos hallamos, decidirnos a mejorarlo o dejarlo ¿Cuántas emociones reconocemos durante el día? ¿Nos dejamos manejar por ellas o las ponemos a nuestro servicio?

Positivos entre nosotros

La competitividad nos hace olvidar tenemos necesidades y aspiraciones similares: desde un sueldo a la búsqueda de éxito y reconocimiento. Los buenos deseos humanizan nuestras tareas y nos ponen del lado correcto de la historia: todos nos sentimos aliados en la dirección correcta sin importar cuánto se sacuda el barco; así nos desarmamos, dejamos teorías conspirativas de lado y descubrimos la confianza inevitable que requiere el trabajo en equipo. Cuando nos enfocamos en nuestro desarrollo no hay energía para criticar a otros sino para acompañarles. Tenemos bastante por mejorar como para dar vueltas sobre lo negativo.

Gastamos mucha energía en descubrir errores ajenos cuando la única actitud frente al error debería ser enmendarlo (cuando fuera posible) y aprender de para prevenirlo (siempre). Nuestra respuesta de ninguna manera debiera ser “No es mi problema” sino “¿Puedo ayudarte en algo?”. Si los procesos de asignación y resolución están correctamente diseñados dejamos de buscar culpables y hallamos responsables. Solo hace falta empatía para darnos cuenta que si estuviéramos en el lugar del otro, exponernos más no ayudaría en nada. La culpa y el castigo solo duran un (mal) momento pero la responsabilidad construye no solo una solución, sino una actitud resolutiva y honesta para siempre. De nosotros depende alimentar relaciones o exponer a quien mañana podría ser nuestro jefe.

“Siempre supe que es mejor
cuando hay que hablar de a dos
empezar por uno mismo…”

Shakira

Todos podemos ser víctimas de nuestras emociones, el estrés y las críticas… ¡Yo también! Pero elegí no solo trabajar en mis tareas y con mis equipos sino también en mis hábitos mentales. Los cambios no son instantáneos pero sí profundos y duraderos. Es incomparable la sensación de (luego de tanta práctica) poder renovar mis proyectos, ser como esas personas positivas con la cual siempre quise estar, influenciar a mi entorno y rodearme de gente que me devuelve la sonrisa ¡Sí! A mí también me costó en un principio pero la práctica hace al maestro y aquí estoy… dando clase.

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